El final de la niñez.

Sus castillos murieron al primer soplo,
su mirada inocente desapareció
su afán por conquistar tierras lejanas
surcando horizontes, cesó.

Le empezó a importar poco
navegar bravos mares,
ganar carreras,
concretar utopías.

La caricia desmedida no es frecuente,
el abrazo se partió en mil postales,
había que volver para ir juntándolas;
el rompecabezas no dura para siempre.

Nadie lo toma de la mano
al menos no como antes,
empezó a darse cuenta que el camino tiene piedras
las heridas duelen más que ayer.

La inmortalidad murió en la tristeza,
todo lo que pase a partir de ahora no será como fue,
era el final de toda la inocencia
era el final de la niñez.

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