Cuando la escucho...

El mundo se paraliza 

cuando duermo en sus montañas.

Su boca, es una perdición, 

un laberinto.

Escuchar sus palabras 

es oir el agua de mar.

Su pelo juega con el viento

sus brazos con la luna,

con su sonrisa

busca bailar al ritmo de la noche. 

El alma y su piel se traduce

en un amanecer insuperable.

Aunque su perfección no habita en su cuerpo, 

está en su andar.

Ella es la revolución que el mundo necesita, 

amo cuando la escucho hablar de libertad o igualdad.



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