Aplauso del infinito.
La sutil,
la delgada,
o peligrosa línea
entre callarme la boca
o dejar que explote el arcoiris de palabras
cada vez que tu alma
se mete en mí cabeza.
Llega tu risa,
un tatuaje que la primavera le regaló al otoño,
se posa en el árbol desnudo de la esquina,
para empezar a vestirlo con promesas.
Aún sigue ahí,
cómo en el circo que llega a cualquier pueblo;
la delgada cuerda
peligrosa para los espectadores,
y uno en el medio que no sabe cómo seguir.
Mirar a todos
o sacar el corazón para usarlo como escudo?
Navegar o lanzarse?
Quien no merece un aplauso del infinito.
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