Feriantes de promesas.
Cuchichean los bastardos,
mezquinos feriantes de promesas.
Cocen al calor de la tarde,
todas las pavadas
en un altavoz que todos oyen,
pero nadie alcanza a ver.
Es una calle interminable,
de colores desteñidos
de sueños que navegan en la boca de tormenta.
Ahí está cada uno con su oferta,
quitándole pétalos a las margaritas,
hasta caer el sol,
hasta nacer la noche,
hasta que abramos los ojos.
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