Mí casa.

No es de ladrillos
tampoco tiene puertas, 
nunca tuvo ventanas.
Nunca sería de madera,
jamás tendría dos pisos,
ni demasiadas luces.
Podría estar rodeada de árboles,
en su fondo tener aroma a limón 
o naranjas.
Estaría cerca del mar,
o de un lago,
para sentir como apacigua a  la bestia
el sonido del agua.
No tiene dirección,
tiene luces y sombras.
No tiene llaves,
ni camas,
ni sábanas.
No existe dirección,
mí casa es el aquí y ahora.



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