En el banco de la plaza...

En los pies del sol
suspira aliviado el invierno.
En el norte, 
el sur espera con una rosa.
Ni al negro ni al blanco 
les molesta dar el primer turno,
la hoja del árbol que parece tocar el cielo,
confiesa que pasó la noche abrazada a la tierra.
Todos los silencios bebieron su nota,
para cantar
en la esquina más famélica de promesas,
su tristeza.
Cada parada tiene su capricho 
dictado por el mundo ,
escrito en tomos
por una humanidad insensible.
En la rayuela está el amor esperando su turno,
mientras el odio salta aburrido.
Nada tiene la experiencia para dar, 
nada.
Vomita sus recuerdos el momento.
Nadie deja de mirar los ojos vidriosos de el dolor,
ahí 
en el banco  de la plaza.
Ninguno le pone el punto final al aburguesamiento, ninguno.
Todos caminan en círculos, 
todos pisan la misma huella,
ni siquiera el tiempo tiene piedad 
con los que sueñan.


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