Desnudo...
Se mareaba,
como las estrellas de una noche cualquiera,
al compás de una música que se tornaba insoportable a la madrugada.
Las calles eran un soponcio,
las luces zigzagueaban,
los autos hablaban como monstruos,
los muros eran sonidos putrefactos
que se aparecían ante sus ojos,
cada vez que tocaba la razón.
Todo iba al blanco o negro,
cada vez que las fotos
se volvían moscas de cristales.
El telón logró cerrarse justo antes de las siete,
cuando el oro ya estaba en la punta de la daga,
una piedra en su cabeza lo despertó,
el tiempo comía con la boca abierta,
y el sigue ahí,
desnudo ante el mundo esperando la noche.
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