Sábanas blancas.
Miro el puñal
que todos los días
entra en los sentidos.
Las agujas del reloj corren,
caen sin aliento
en el camino
que todos los días marca la pavada.
El sol
descubre a la sombra en un rincón,
sentada de espaldas a la tarde.
Lágrimas que aparecen sin pedir permiso,
recuerdos que nunca mueren
nunca supe lo que era el infinito,
hasta que vi a través de tus ojos el mundo,
custodiados por sábanas blancas.
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