Plaza

Yo sé que tus palabras 

en mi bosque son viento,

yo sé que las espinas de la rosa 

que te di una vez volvieron,

más filosas, 

más punzantes,

incluso a lo lejos,

se ven venir los pétalos.

Ya pasó la mañana ,

la tarde descansa en el aroma a café,

en las miradas que los penitentes regalan 

cuando dejan de mirar el suelo.

Admiro como el árbol soporta el tiempo,

como el sol lucha con la sombra del banco,

una guerra fría que solo entiende el misterio.

Los niños dibujan con las piedras una rayuela,

en el lugar que escribimos las iniciales, 

en el preciso lugar en el que escribimos 

que el amor, 

es la única revolución que puede hacer feliz a tanta gente, 

incluso a los que no quieren entenderlo.



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