El juego.
El sistema hace su negocio,
nos hace jugar su juego.
Jugamos a quien ama más,
quien odia más,
quién es más de izquierda o derecha,
más humano o más malvado.
Las piezas se mueven
en el tablero de la vida,
juegan como actúan en una obra,
las marionetas de un creador
al que nunca se le vio la cara.
Quién vuela más,
quién escribe más,
quién fantasea más,
quién hace más el ridículo,
o cuántas veces jugamos a ser héroes,
en un mundo al que se le agotan las ideas.
Hay un juego,
una tribuna que agita la pavada,
un espectáculo
que nos tiene a todos en la cancha
y a uno pocos en la tribuna,
riéndo sin parar,
extasiados de placer hasta perder la razón.
No les importa,
no les importamos,
nunca le importaremos.
Corremos detrás de una quimera
y el sistema le puso como nombre necesidad.
Ojalá algún día despertemos,
ningún sueño florece
sino somos capaces de tener los ojos abiertos,
nadie es más que nadie,
nadie se salva ahogando a otros
el mar es inmenso,
la poesía es agua dulce,
amarse y amar al otro
debería ser el alimento.
Pero lo dejamos,
le permitimos que le pongan precio,
los dejamos meterse en nuestro destiempo.
Da rabia,
lloro en soledad y ese es mí concierto.
Viene como ola la frase " Nadie se salva solo",
y parece que nadie parece entenderlo.
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