Cementerio.

Es difícil contar los silencios,

se quedan ahí 

de un lado o del otro del cemento.

El viento se viste de jazmín,

lágrimas con su propio concierto.

Es difícil sonreír

pero sucede a veces.

En las grietas que el tiempo teje en el suelo,

una flor tímida por las miradas 

apura su marcha;

deja a su costado esa serenidad 

que solo el misterio conoce.

Raíces de metal que se van perdiendo, 

letanías en bronce, 

cruces de madera.

La noche y el día como custodios.

Tantos espíritus

fastidian a la historia,

la dejan sin aliento.

Sin lápiz para escribir,

sin tiempo para entorpecer al olvido.












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