Piedad por nadie ...
Las ramas como cuerdas del viento,
la lluvia como tambor de la tarde,
mí alma como un hogar para los recuerdos,
el sol como efigie de la suerte.
El domingo cómo eslabón de una cadena
para atar los rumbos en los balcones,
ahí hay flores sin perfume,
partículas de melancolía que llegan a mí boca.
Hay una grieta en el tiempo,
desde siempre, luchan
el agua y el fuego,
el hombre y la pretención de eternidad.
Las manecillas no piensan,
solo avanzan,
Ay de mí y de este domingo
que no tiene piedad por nadie...
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