Borrachera.

Yo bebí del farol 

su luz infinita,

para vomitar escamas 

de una calle húmeda.


Parado, 

mirando fijamente,

el cielo puede ser la lona; 

el suelo las estrellas que se apagan.


Un par de besos vuelven a la memoria,

mientras tambaleante 

antes de caer,

volaban las hojas como responso.


Una flor,

en la hendidura de la noche.

Los pétalos eran recuerdos,

de un adiós que nunca es para siempre.






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