Toma el té.

La primer lágrima
cayó al suelo,
fue como un rayo fulminante
en un espacio cerrado.
Los ríos dieron lugar a mares,
los mares a océanos.
La tormenta nunca dejó de gritar,
uno aprende a nadar en sus miserias.
Perdona el tiempo?
Asiste a todos los velorios,
llega primero siempre
aunque da ventajas.
Ni cerrar las puertas,
ni tapiar ventanas,
queda codearse con la melancolía
mientras la soledad toma el té
y ríe, 
entre tanta pavada.








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