La ignorancia es el alimento del olvido.

Hasta el cansancio bebí de la noche,

sus promesas llenas de mares rebeldes,

nunca entendí,

quién apaga la luz del teatro.


La hoja está ahí,

podrida de esperar a que la empuje el viento.

A siglos quedaron los ladridos,

a metros está la sombra.


La ignorancia es el alimento del olvido,

tantas luces enceguecen la mirada.

La manzana está podrida

la comemos con ganas.


La vida besa cómo puede,

sin manuales, ni preceptos.

La magia del destiempo,

romper cadenas así no atan al resto.











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