Una vez que termine la mañana.
Día de sol.
El otoño es un camino de hojas
hasta una calle llena de perfumes,
o bocas disfrazadas de rojo carmesí.
Esta mañana no es un tango cualquiera,
ni una rima emotiva,
la contemplación no adjetiva nunca,
dejará que el frío entre sin ofrecer resistencia.
Las frías calles,
los fríos arboles
le darán el paso a las frías personas
que salieron sin guantes,
para abrazar el instante que no es dueño de nadie,
un rebelde que lo tiene todo.
Ahí esta la mañana,
con el aroma a trigo y levadura,
a café,
a sueños,
a reproches mutuos,
a miradas que penetran los espejos,
en esos cinco segundos
en los que uno no sabe quién fue,
quién es
o quién será una vez que termine la mañana.
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