No dicen nada.
Vuelan las tardes,
parte ese vaso
medio lleno,
vació su contenido,
ido,
sobre una hoja blanca
inmaculada.
Hada inquieta
dibuja
una divinura
pura.
Y el eco incierto
cesa,
esa bocanada
es nada;
para arar el misterio preso
en su piel de porcelana anda,
una quimera ebria
de placeres parcos,
de finales que no dicen nada.
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