No somos de acero
Descubrimos que no somos de acero
que del mar solo conocemos la orilla,
y al cielo podemos llegar
solo con el pensamiento.
Entendemos,
a veces demasiado tarde,
que el amor se queda muy pocas veces
y cuando uno menos lo piensa, se va.
Los amigos llegan,
se van,
muy pocos se quedan,
espalda con espalda.
En esta melancólica tarde,
mientras el sol late sin piedad
al fin entendemos que somos aire,
flotemos para no morir de sed.
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