Blanco.

 La vida 

Jamás se viste de blanco,

ni son de oro sus cenizas.

No tiene bis,

usa al tiempo 

como se le da la gana.

Hace de cada capricho una estrella,

del sol una tempera 

para dibujar en la tierra,

tantas siluetas 

que no pueden mirarse a la cara.

Es intangible, 

imprescindible,

jamás le hace caso a nadie

y es por eso que la amo tanto.

Vale la pena seguirla,

aunque sea imposible abrazarla.




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