En la mesa...

 Las cartas en la mesa,

no se trata de fe,

ni de esperanza,

solo queda esperar

la jugada

diablura certera del que nunca habla.

El mundo

se reduce a este trance,

mientras el afuera 

calcula con gran disparate,

como si frente a un espejo

pudieran confesar su yerro.

Cada instante es un juego,

y el futuro no es mas que un saldo,

entre parir utopías

o quedar lamentándose eternamente por el resultado.

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