La moneda.

Siempre hay dos justicias,

una para el rico,

otra para el pobre.

La cara mas afable de la moneda,

nunca la puede ver el mas el más indefenso.

Al contrario,

la ve el soberbio

que enceguece con su discurso

aquellos que lo idolatran

y sueñan ser como el,

aunque en el fondo no sean lo mismo.




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