Fracaso-Éxito.
El fracaso rueda,
hasta levantar la cabeza,
ahí
cuando tiene pretensiones
empieza a mover los brazos.
Es inútil,
respira.
Uno,
dos,
tres,
cuatro...
Pierde la cuenta...
Hasta que después de cruzar el último mar,
abandona el agua.
Nadie lo ve,
nadie lo siente,
una bocana profunda le roba la existencia.
Y vuela,
vuela tan alto como nunca lo pensó,
conoce cielos y desafía tormentas,
cae al firmamento y vuelve a volar.
Solo en ese eclipse del autoestima,
entendemos que somos
algo más que peones en un juego de reyes,
algo inevitable para lo absoluto,
algo más que luces navegando por las calles.
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