El tren

Voy caminando

todas las calles tienen tu nombre.

Tambaleo entre bares,

acordes rumeantes de destinos,

me pierdo para encontrarme en esa frase,

luego de vomitar todas y cada una de las poesías de Bécquer.

Ya no sé,

si todos los amaneceres son iguales,

si todas las noches terminan en mis ojos,

si todos los días en que me decís adiós

son parecidos, 

a cuando lo dijiste por primera vez.

Hubo una noche en que juré

que iba a salir del laberinto, 

sentí que iba a dejar el último recuerdo en los zaguanes con aroma a menta.

Acá estoy, 

sin vos

pero con todo un pasado 

equilibrista en las vías del tren.

El ruido se escucha, a lo lejos;

me cansé de fabricar tréboles 

con las hojas que al tiempo se le perdió.

Grité por última vez tu nombre, 

lloré por última vez tu partida,

sin darme cuenta 

aprendí a transformar el dolor en oportunidad.




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