Aislamiento.

Un ruido insoportable 

teje la siesta,

sobre los cuatro rumbos perdidos.

Será oráculo

ese espacio para adivinar el futuro?

O quizás,

para la templanza

hay que abrir una puerta,

para después abrir otra,

hasta volver a la misma puerta 

y descubrir 

que el cerrojo está oxidado de tantas vueltas que le da el capricho.

El sol no está

se le escucha decir al chico,

aún así 

la luz se la ingenia

para ir rompiendo en pedazos la tarde.

Solo es un día más,

dentro de un día

que tiene siglos por parir,

en una eternidad cansada de latir 




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