Las Aventuras de Vicente Scarlatta. El Círculo. Parte uno.
Un circulo confundido con el aura es la marca que rodea al cuerpo, masacrado por la sombra y por el silencio de la noche.
Se alejó diez pasos del lugar, dónde quedó el cuchillo, volvió y escribió en el cuerpo "Mors venit cum existimauimus minime"
El otoño llegó al parque justo con su muerte, un misterio más para ser descifrado por la policía.
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Los lunes son todos iguales, pensó para sus adentros el Teniente Vicente Scarlatta, recién entrado a los cuarenta años, en parte de su cabellera se notaba un gris que todavía no terminaba de florecer.
Alto, hace varios años dejó de hacer actividad física todos los días. Y eso lo agitaba más de la cuenta. Cada vez que es convocado a la escena de un crimen, jura volver a correr, como lo hacía antes por la ciudad todos los días.
Conservaba el buen gusto por la vestimenta, unos jeans con camisa, era considerado un pecado capital.
Vestía bien, pantalón de vestir, saco, camisa que haga juego con el saco negro y los zapatos de hace tres años que perfectamente podrían pasar por nuevos
-Qué tenemos ?, dijo sin mirar al forense ,centrando su mirada en el cuerpo.
-Hombre, alto, robusto, cabello corto, aproximadamente de unos 60 años. Sin golpes en el cuerpo, y esa frase en latín escrita en su pecho. Creemos que es un cuchillo muy filoso.
Lo encontró un hombre que todos los días cruza por acá; y señalando a su izquierda sin mirarlo con su índice le mostró donde estaba la persona.
En esos momentos el parque de la ciudad era atravesado por un sonido leve, Vicente sintió como el viento pegaba contra su piel, para después seguir su camino.
El cuerpo estaba rodeado de árboles, y sino fuera por el hombre, iba a ser sepultado por las hojas del otoño, y quien sabe cuando podría ser hallado.
Scarlata lo midió a la distancia, calculó que su altura daría en su hombro y no falló. Lo comprobó cuando llegó y lo observó apoyado sobre la patrulla.
Lo miró fijamente, era claro que estaba nervioso, además fumaba sin parar, y los fumadores, le molestaban mucho.
-Qué fue lo que vio?
-Solo vi el cuerpo, vivo a dos cuadras de aquí, soy empleado de una constructora tomo el camino todas las mañanas, para ir a mi trabajo.
-Vio algo raro, alguna persona cerca, algún auto que pasara por el lugar, algún dato que nos sirva....? ¿Cuál es su nombre?.
-Alejandro. No vi nada raro, se lo dije al policía cuando llegó, no escuché nada, es raro, a esta hora mucha gente va trabajar, y usa este camino, pero no había nadie.
Sin dejarlo respirar el Teniente preguntó: ¿Usted lo vio alguna vez?, lo conoce?
-Nunca vi a este hombre en mi vida, y es raro también, a pesar de tener ropa deportiva su rostro no me resulta familiar. He visto mucha gente, veo muchos rostros, pero a este nunca lo ví.
Scarlatta le dijo que se podía ir, le pidió que dejara sus datos y que si se acordaba algo más se acercara a la comisaría.
-Vaya día de mierda, pensó para sus adentros , un muerto, un lunes...
Había pasado todo el fin de semana encerrado leyendo un libro, le importaba mucho la historia, solía escribir.
Llegó a su oficina, una habitación de 3 x 3 metros, con una mesa llena de papeles, a su derecha un mueble lleno de más expedientes, decorado con un reloj añejo que había pasado de generación en generación a sus espaldas, sin ventanas salvo un pequeño ventilúz que le contaba como era el mundo.
Miró la foto del cuerpo, la frase era lo único que escuchaba en su cabeza. En el fondo asomaba una idea.
"Mors venit cum existimauimus minime"
Hace más de veinte años que no escuchaba esa frase.
Este caso iba a cambiar su vida para siempre.
Se alejó diez pasos del lugar, dónde quedó el cuchillo, volvió y escribió en el cuerpo "Mors venit cum existimauimus minime"
El otoño llegó al parque justo con su muerte, un misterio más para ser descifrado por la policía.
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Los lunes son todos iguales, pensó para sus adentros el Teniente Vicente Scarlatta, recién entrado a los cuarenta años, en parte de su cabellera se notaba un gris que todavía no terminaba de florecer.
Alto, hace varios años dejó de hacer actividad física todos los días. Y eso lo agitaba más de la cuenta. Cada vez que es convocado a la escena de un crimen, jura volver a correr, como lo hacía antes por la ciudad todos los días.
Conservaba el buen gusto por la vestimenta, unos jeans con camisa, era considerado un pecado capital.
Vestía bien, pantalón de vestir, saco, camisa que haga juego con el saco negro y los zapatos de hace tres años que perfectamente podrían pasar por nuevos
-Qué tenemos ?, dijo sin mirar al forense ,centrando su mirada en el cuerpo.
-Hombre, alto, robusto, cabello corto, aproximadamente de unos 60 años. Sin golpes en el cuerpo, y esa frase en latín escrita en su pecho. Creemos que es un cuchillo muy filoso.
Lo encontró un hombre que todos los días cruza por acá; y señalando a su izquierda sin mirarlo con su índice le mostró donde estaba la persona.
En esos momentos el parque de la ciudad era atravesado por un sonido leve, Vicente sintió como el viento pegaba contra su piel, para después seguir su camino.
El cuerpo estaba rodeado de árboles, y sino fuera por el hombre, iba a ser sepultado por las hojas del otoño, y quien sabe cuando podría ser hallado.
Scarlata lo midió a la distancia, calculó que su altura daría en su hombro y no falló. Lo comprobó cuando llegó y lo observó apoyado sobre la patrulla.
Lo miró fijamente, era claro que estaba nervioso, además fumaba sin parar, y los fumadores, le molestaban mucho.
-Qué fue lo que vio?
-Solo vi el cuerpo, vivo a dos cuadras de aquí, soy empleado de una constructora tomo el camino todas las mañanas, para ir a mi trabajo.
-Vio algo raro, alguna persona cerca, algún auto que pasara por el lugar, algún dato que nos sirva....? ¿Cuál es su nombre?.
-Alejandro. No vi nada raro, se lo dije al policía cuando llegó, no escuché nada, es raro, a esta hora mucha gente va trabajar, y usa este camino, pero no había nadie.
Sin dejarlo respirar el Teniente preguntó: ¿Usted lo vio alguna vez?, lo conoce?
-Nunca vi a este hombre en mi vida, y es raro también, a pesar de tener ropa deportiva su rostro no me resulta familiar. He visto mucha gente, veo muchos rostros, pero a este nunca lo ví.
Scarlatta le dijo que se podía ir, le pidió que dejara sus datos y que si se acordaba algo más se acercara a la comisaría.
-Vaya día de mierda, pensó para sus adentros , un muerto, un lunes...
Había pasado todo el fin de semana encerrado leyendo un libro, le importaba mucho la historia, solía escribir.
Llegó a su oficina, una habitación de 3 x 3 metros, con una mesa llena de papeles, a su derecha un mueble lleno de más expedientes, decorado con un reloj añejo que había pasado de generación en generación a sus espaldas, sin ventanas salvo un pequeño ventilúz que le contaba como era el mundo.
Miró la foto del cuerpo, la frase era lo único que escuchaba en su cabeza. En el fondo asomaba una idea.
"Mors venit cum existimauimus minime"
Hace más de veinte años que no escuchaba esa frase.
Este caso iba a cambiar su vida para siempre.
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