Una poesía.
Una poesía se atravesó en sus ojos,
en cascadas caían los versos en la calle,
en la almohada,
en su cuerpo.
Una poesía logró incrustarse en su garganta,
y los versos
confesaban su pasión tímidamente,
para evitar el siseo desmedido
de una tarde tan desigual.
Una poesía
buscó el modo para llegar al atardecer,
sin saber
o quizás a sabiendas
que el momento es el único prójimo
capaz de tocar en su puerta.
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Un saludo.