El otro...
El otro,
siempre el otro.
El otro para crear,
para sentir,
para ser,
para bordar cielos
o conquistar infiernos.
Para ganarse la pan y
renunciar a la bendición superflua del infinito.
El otro para navegar en la tormenta,
o cantar
y emborracharse
al costado de una fogata en la madrugada.
Caminar,
caer y levantarse,
rodar como una piedra inmensa,
o permanecer inmóvil,
cómo el instante que pasó
cuando se cruzó frente a un espejo.
El otro,
tan desigual a uno,
viajeros hacía la misma estrella,
nuestros brazos para cruzar el río.
El otro,
tan presente,
tan humano.
El otro,
ese bálsamo antes del fin,
antes de ser devorados por la niebla,
por que el olvido llega
y es mucho más fácil enfrentarlo de a dos.
Comentarios