El descanso del demonio.

Alguien balancea el compás de los demonios,
rendidos
sin fuerzas,
llegan a la punta de la mañana para decir adiós;
hasta la próxima vez.
Epopeya,
entre lágrimas
va fatigada la cadencia.
En cada paso
dejamos de ser nosotros
para que el viento nos transforme.
Hasta los pies
llegan esquirlas de una guerra
que nunca fue nuestra,
pero nos llaman.
A levantar armas,
a clavar el puñal por la espalda,
nos llaman.
Ojalá que no tengamos que escupir
ataúdes por las calles,
ni que nuestras casas
tengan aroma a Jazmín.

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