Sediento
Yo me perdí en sus ojos,
me enamoré de su boca,
celebraba sus discursos
y los hacía míos.
Hice de sus silencios un escudo,
de sus lágrimas un mar
y me quedaba sin dormir,
con tal de que nunca despertara.
Ay de todos si su bravura asomaba!
Ay de aquel que se atraviese a desafiar su soledad,
nadie es capaz menguarla.
Lo más grandioso que hizo el amor, es llamarle libertad,
a la sed que cada uno lleva en su alma.
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