Pobre.
Pobre el que no actúa,
el que se deja pisar
el que no sueña,
pobre aquel que se cansa de luchar.
Pobre el que bastardea al otro,
pobre el que se olvida de donde vino
por pensar que sabe a dónde va.
Pobre el que no protesta,
el que no grita su locura,
el que se queda lamiendo sus cicatrices,
o aquel que no camina sobre el mar de lágrimas
que una vez supo llenar.
Nos cansamos de esperar el vaso lleno,
la bondad del mercado,
nos gobierna la pleitesía de la plutocracia.
La pobreza no es material,
es espiritual,
por que el otro es otro y son en él,
como el puede ser en mí.
Como todos podemos ser utopía en el barro,
sin pisar la memoria,
poniéndose de una vez por todas las alas
para empezar a volar.
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