Pinceles...

Pinceles en el alma,
botones para cocerlos a un puente de tela,
tan añeja que se deshace ante la primer mirada.
Hay barcos bordados en el cielo y nubes en el mar.
Zapatos marcando el compás,
en una avenida grotesca y húmeda.
En un sillón espera un poema,
en el suelo una gota que antecede al abandono.
Los fantasmas no se atreven a salir del armario,
por su palidez y a pesar de las manecillas,
pueden contarse la cantidad de destellos que una vez rugieron en la cama.
En un día caben mil historias, mil más, otras mil de acuerdo a como los planetas dan vueltas por la cabeza.
Es tan endeble el hilo por el que transita el hombre,
a veces se parece a una telaraña de heridas,
otras a un manojo de cuentos a los que se le arrebataron los finales,
por que los finales son en sí mismo un nuevo comienzo.



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