Yo...

Yo me pierdo,
me encuentro,
me envuelvo;
sin pensarlo me desato
en ese cónclave de estrellas,
a las veintitrés.
Río y lloro,
corro, camino y caigo
en ese desdén tácitamente
orquestado por la nada.
La luna escribe con minúsculas su perfidia,
en un rincón de aquel bar al que todos llegan,
por soñar demasiado.
Entre tanto murmuros hay silencios,
ahí está el deseo bailando sin vacilar
mientras otros buscan su lugar en el universo.

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