La prédica de la hormiga...
Da tumbos por la tarde,
en esa silueta imperceptible
de la melodía de un suspiro.
Los bosquejos que los sueños arman, para reclamar más tiempo,
no es mas que polvo impregnándose en el silencio.
A veces en esta inmensidad sin dueño,
ese diminuto punto encuentra su existencia en el andar,
aunque deje lágrimas o rueden por la acera,
como las hojas remolonas de un invierno al que todavía le falta transparencia.
El humano es demasiado humano,
debería predicar como la hormiga.
en esa silueta imperceptible
de la melodía de un suspiro.
Los bosquejos que los sueños arman, para reclamar más tiempo,
no es mas que polvo impregnándose en el silencio.
A veces en esta inmensidad sin dueño,
ese diminuto punto encuentra su existencia en el andar,
aunque deje lágrimas o rueden por la acera,
como las hojas remolonas de un invierno al que todavía le falta transparencia.
El humano es demasiado humano,
debería predicar como la hormiga.
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