No tengo ganas.

No tengo ganas de explicar,
ni el silencio que traspasa la pared y llega hasta mis pies,
Ni la miseria con la que los fantasmas intentan sofocar los recuerdos.
No tengo ganas,
de abrazar la llama que se cree dueña del aire que atraviesa mis sueños.
Por la ventana viajan sonrisas,
Tristezas de barrio abrazadas al farol de la esquina.
Viaja su boca de rojo carmesí con sabor a jazmín.
No tengo ganas,
de encarar la sutileza con las últimas hojas que olvidó el otoño, antes de dormirse en los brazos de la primavera.
Aquí me quedó en silencio,
sin ofrecerle resistencia a la eternidad con mi única pretensión de vivir el momento.

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