El tiempo tiene derecho a jugar...

Sobre los hombros
el peso de mil noches,
nunca hubo tanto dolor
aunque el amanecer
será el río donde mueran las lágrimas.
Una mañana más
para sumarle al inefable misterio.
Hay momentos que tienen sabor a nada
hasta que llega tu recuerdo.
A veces,
pasadas las ocho,
la poesía camina por la calle
sin disimular su ambición.
A sonreírle a la pavada,
a cuestionarle todo a lo común.
El tiempo tiene derecho a jugar
hasta que se despierta tu nombre para azotarlo.

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