No hay vidas para cambiar...
No hay vidas para cambiar,
ni acentos de sobra.
La noche se quedó sin trajes,
le canta desnuda a su presa.
Reaparecen bemoles,
resucitan fantasmas en cuenta gotas,
recuerdos sin sabor se mezclan
para marear el último trago, ahogar las mariposas.
En la mejilla ningún confidente anuncia su despedida,
los ateos hablan de dios,
dios habla de los ateos.
Ninguno bebe el agua del mar para fundirse en un abrazo.
Viven una vez los que sueñan,
dos si realizan sus sueños.
El momento es la mueca
con la que la eternidad sonríe a sus pretendientes.
ni acentos de sobra.
La noche se quedó sin trajes,
le canta desnuda a su presa.
Reaparecen bemoles,
resucitan fantasmas en cuenta gotas,
recuerdos sin sabor se mezclan
para marear el último trago, ahogar las mariposas.
En la mejilla ningún confidente anuncia su despedida,
los ateos hablan de dios,
dios habla de los ateos.
Ninguno bebe el agua del mar para fundirse en un abrazo.
Viven una vez los que sueñan,
dos si realizan sus sueños.
El momento es la mueca
con la que la eternidad sonríe a sus pretendientes.
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