Ocho estrellas.
Llueve, primero de mayo.
el alba te regala la lucha,
la noche ocho estrellas
que nunca dejarán de brillar.
El eco de la lucha llega hasta el presente,
vomita la prosapia,
la historia contada por manos privadas
es un robo a la humanidad.
Nadie es dueño de las cosas,
ni siquiera de la lucha;
la soberbia divide el pan y resulta
que la mitad para el pobre es la más chica.
Si todo es relativo,
por qué al hombre le definen su dignidad.
Hay quienes pierden todo
pero todavía saben cómo luchar.
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