Mujer...

La simpleza, una locura enaltecedora, disfrazada de sonrisa,
ahí, uniendo con las manos un mundo trunco,
cansado de ser bastardeado.

A la tarde se le agotaron los trucos,
Ninguno puede quitarle la vista a sus pasos, a su amor propio que consume el deseo de toda batalla.

Incluso la sorpresa está rendida,
ya no es el espasmo que era antes,
pide demasiados gestos
a una modernidad presumida, intolerante.

...Y su cuerpo es un fuego que crece sin compases, con una melodía indescifrable.
Amo su lucha que tiñe con pasión todas calles...









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