Chin-Chin...

Una soledad fornida que permita ahuyentar fantasmas,
un buen libro hablándote al oído
como si fuera una canción de cuna.
el mismísimo viento diciéndote que no todo está perdido.
Despertar el lado más azul de la memoria,
emborracharse de amaneceres por que las noches ya están gastadas.
Las mismas mentiras no duelen lo mismo,
los viejos rencores no resucitan,
ya no se escuchan promesas,
entre tantas piedras el hombre puede encontrar su rosa.
Saltar con una copa de vino en la mano
por todos los colores del arcoiris,
reírse en la cara al cuento,
a quién escribe la historia
por que nosotros sabemos que si la escribiéramos,
otra sería la trama.
Luego,
después de todo o de nada,
brindar con tu otro yo,
ese bastardo que toda la vida siguió tu sombra
y que hoy besa tus sueños sin erizar la piel ni la conciencia.



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