Sin título
Hay lágrimas que dicen adiós
mezclándose con la primera sonrisa de la mañana,
todo junto bajo tus pies
y el coro de nubes que va alejándose lentamente.
La primavera entrega al verano una bendición sutil,
el primer ladrido del perro despierta los sentidos,
el segundo al cuerpo;
el alma empieza a caminar descalza hasta que se da cuenta
que navega desnuda.
No le importa,
ella dejó ir lo que de verdad no importaba.
Borró todas las escaleras de su mente,
se vistió de utopía,
empezó a volar con el corazón,
ahora sí será para siempre,
aunque el puño etéreo de la jornada
siga rasguñando la vida con sus pavadas.
mezclándose con la primera sonrisa de la mañana,
todo junto bajo tus pies
y el coro de nubes que va alejándose lentamente.
La primavera entrega al verano una bendición sutil,
el primer ladrido del perro despierta los sentidos,
el segundo al cuerpo;
el alma empieza a caminar descalza hasta que se da cuenta
que navega desnuda.
No le importa,
ella dejó ir lo que de verdad no importaba.
Borró todas las escaleras de su mente,
se vistió de utopía,
empezó a volar con el corazón,
ahora sí será para siempre,
aunque el puño etéreo de la jornada
siga rasguñando la vida con sus pavadas.
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