Guerrero espiritual.
Es el ahora,
el momento,
el segundo,
no lo que vendrá,
ni lo que podría venir
o lo que pudo estar y hoy no es.
No sirve mirar el reloj,
anclar la prosa en un cometa,
para que el discurso viaje de boca en boca.
El destino es una promesa fugaz del infinito.
Fijo mis virtudes gastadas en el presente,
prefiero un buen vaso de whisky a una gaseosa barata.
Mirar sus ojos que imaginarlos.
Me pierdo en el infinito de un paisaje,
aunque la ciudad grite su furia a cada instante.
Ninguna religión o teoría conduce a la felicidad,
hay que romper la pared del interior para encontrar la respuesta.
Un guerrero no puede amar el destino
cuando lo más importante es el viaje.
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