Sin título...

Cómo hacen para respirar en un cielo de estrellas, cuando el único perfume que puede olfatearse es la tristeza.
Ensordecedor, tan agudo como la letanía nacida en los dientes del unicornio senil, a veces bueno, otras bravo.
El otro día,
el hielo estaba petrificado,
dejó una carta,
pidió ser enterrado al lado del cadáver que despabilado pide limosnas para una película muda del fin del mundo.
Entre agujas homicidas uno no puede tragarse las ganas.
Pestañear ante la inmensidad,
es el dolor que llevarán por siempre los dioses.

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