Nace en la cabeza...


La supervivencia de la esquirla del horizonte
y un millón de estrellas rompiendo en cristales hasta llegar a la hoja inmortal que todo cuento tiene en su desenlace.
El Todo es el todo que las pequeñas partes olvidan.
Mientras la lluvia cae como puñales de acero, La sed contempla como el hombre ríe desnudo sin vacilar,
ahí
en la conjunción de las dos pararelas que en la imaginación se juntan.
Eso es en definitiva lo que importa.
La libertad nace en la cabeza,
no en el filo de la cuchilla del opresor
ni en la quietud pasmosa del oprimido,
que viaja de las narices de un discurso absoluto,
creyendo que para vivir hay que matar a una mitad, enquistado en el lado que la estupidez se para...

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