La sed de una hormiga...

-Tengo sed-, dijo la hormiga,
la mañana le ofreció una gota,
casi como una melodía suave,
esas curtidas con heridas.

Le dijo que no.
Enfiló su pretensión a la rosa,
las espinas volaban a su orgullo como copos de nieve, 
en cada espacio una sepia derramaba su identidad al viento.

Tanta soledad en una sola versión.
El deseo es supremo a cualquier angustia.
Tal vez las historias derraman letanías,
pero siempre tendrá un escudo para defenderse.

Demasiadas bocas en silencios.
Tan agudo, como las hojas del árbol 
que se queda sin piel
como única alternativa para desacelerar hacia el olvido.

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