Colmillos...

En sus colmillos habita la sangre, 
en sus manos nace el dolor.
El muy hijo de puta,
solapadamente,
cubre sus lagrimas con risas
muestra su vacío entre ficciones pomposas
para matar la felicidad en tapiales rancios.
Repite lo que no debería repetir,
alternando protagonistas sin cambiar la trama.
El olvido nunca podrá ganar la guerra,
no ha conseguido a nadie que lo olvide.
Eso lo entristece,
lo opaca,
lo vuelve inverosímil, aunque se meta en tu boca.

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