La hora del Té...
Apoyó el mentón en los nudos,
la figura pasó varias veces.
Cinco, seis, perdió la cuenta,
la silueta nunca llegó a irritarlo.
El hecho prevaleció,
gritos desgarradores transformados en ecos
tinta roja mutando a negra,
la cerrazón siempre es desigual cuando gobierna.
Nunca pudieron hablar,
el yo fue mas grande que la circunstancia.
Con la mirada de otro,
el miedo siempre será una bandera alta.
Movió la cabeza,
eran las cinco de la tarde.
Hora del té, en sus ruinas,
el hombre nunca dejará el cinismo recalcitrante.
la figura pasó varias veces.
Cinco, seis, perdió la cuenta,
la silueta nunca llegó a irritarlo.
El hecho prevaleció,
gritos desgarradores transformados en ecos
tinta roja mutando a negra,
la cerrazón siempre es desigual cuando gobierna.
Nunca pudieron hablar,
el yo fue mas grande que la circunstancia.
Con la mirada de otro,
el miedo siempre será una bandera alta.
Movió la cabeza,
eran las cinco de la tarde.
Hora del té, en sus ruinas,
el hombre nunca dejará el cinismo recalcitrante.
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