Eslabones.

El primero estaba desde siempre,
a veces embarrado
otras brillaba,
pero petrificado ante la soberbia humana.

El segundo estaba pendiente de un árbol,
ciertos atardeceres era visto bambolearse
al compás del murmuro de la gente
que nunca lo veía.

El tercero se escondía en las nubes,
lo aterraba la posibilidad de ser visto.
El cuarto vivía en el fondo del  mar,
acostumbrado a conversar con peces y algas.

Estaban desglosados.
Reinventaron su historia.
Entrelazados escribieron el mejor cuento:
Hay cadenas que nunca deben oxidarse,


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