Aprender del silencio.

Curar con susurros imperceptibles
la herida del último viaje del día, 
dormir a la bestia
entre suspiros de una boca reseca.

La piedra rueda por la calle sin alboroto,
una hora de gemidos imperceptible a la chusma
a sabiendas, 
de que la primera vez nunca será superada.

Caminar,
dejar huellas, 
sonreír,
revivir en cada mirada.

No ser indiferentes,
impávidos ante la magia,
aprender del silencio
como aquella flor, la mas hermosa de todas.


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