Me quiso cobrar.

Me quiso cobrar,
después que le teñí de abriles su invierno,
después de llenarle de historias el cuarto,
incluso velé sus miedos con sancho de testigo. 

Barrí las bocas 
para que las palabras petulantes
huyeran con lágrimas por el bulevard de la derrota.
El chantaje suele vestirse con miradas sutiles.

Me quiso cobrar. 
Preparé un brebaje tan insulso
para esos dos aterradores bastardos
dedicados a espiar la noche desde una cerradura roñosa.

Lo miré fijamente, 
reí, lloré, me fuí de ese lugar. 
Solo quería una copa, 
pero al ser humano ya no le fía ni la soledad. 


Comentarios

Entradas populares de este blog

Vas a volar?

A Francia.

Esquirla de un caído!