Robusta...

El espectáculo llega,
vence y se va;
como las piedras gastadas del destino,
soltando historias.

El hombre oculta su estupidez
en la cerradura mística, 
algunos bostezos 
pueden mecerse infinitamente en el firmamento.

Despreocupado, el principio
mira como baila descaradamente el final.
Descarnado ante una pluma siniestra
famélica de amor, robusta de soberbia.

Paginas amarillentas. 
Algunas ensangrentadas por la verdad.
Esa pantomima del olvido
para perpetuarse en la fragilidad del hombre...




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